jueves, 4 de agosto de 2016

Paco.

Debe ser alguna superposición en los universos paralelos que sí, a veces se traslapan, se invaden unos a otros. Por eso a veces siento que la persona que responde mis discusiones filosóficas, mis reflexiones sobre las ideas de Borges y Kant, mis propuestas sobre los nuevos derroteros del neomarxismo, no es él.

Eso sí, pocas cosas en mi vida serán tan gratas y tan memorables como la vez en que nos tomamos una jarra de cerveza clara en el Das, frente al Tecnológico de Monterrey, y luego, en lugar de seguirle, craso error, fuimos a dar, con el sol de cuarenta grados de la sultana del norte, al CEDES, a hacer bien poco si no es que nada.

Pocas cosas, sí, tan sublimes, como cuando fuimos a ver Black Hawk Down. No recuerdo si alguna vez fuimos a McDonald´s, catedral del Imperio, a beber una malteada. Tal vez sí. 
Lo que no me gustó nadita, fue cuando fuimos a dejar papeles a FEMSA, en un cutre lugar, depósito de currículums de ilusos, qué más puede ser, arriba de un OXXO. Bajamos y compré una paleta Magnum de chocolate, y me quedé sin dinero. Y caminar. En el recorrido, pasamos por unas vías del ferrocarril, seguro que canceladas, y pude ver, unos metros a las tres en punto, bloques de cemento inhóspitos, sería que era el verano, donde se leía en uno de ellos "Universidad del Noreste".
Quién sabe si premonición, o seña de que andábamos bien perdidos, y sin dinero para el taxi. Pero llegamos de vuelta al Tec, y a seguirle, pues, yo pensando en lo fácil que pueden ser algunas cosas cuando hay dinero, en lo complicadas que se vuelven cuando no.

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