jueves, 23 de marzo de 2017

520. ¿Todo de acuerdo al plan? Ne.


Gratitud.

Gracias mi Paco, gracias mi Gil, por su paciencia y sus palabras sabias. Pensé que me iba a ir mucho peor con unas actividades propias, y el resultado no estuvo nada mal al final. Me quedo con un cansancio apacible, con una tranquilidad tal vez insatisfecha, pero tranquilidad al menos.
¿Mis amuletos? borradores de migajón que guardo en una bolsa de poliseda, a 2.50 pesos cada uno, que compré en la papelería Cervantes. Otros amuletos inmateriales, tal vez mi paciencia, la constancia, la certeza de mis insuficiencias. Si recuerdo una y otra vez la frase de Ted Kennedy cuando estudió Derecho en la Universidad de Virginia "tenía que estudiar el triple que el resto de mis compañeros para sacar la misma o menor calificación". Así pasa, y no es consuelo pero ha sido conmigo también. ¿Y si hubiera estudiado Administración de Empresas en la Universidad del Noreste? Mejor ya no pensar tanto en eso.

Travesías.
El Maestro Bob Rock me ha pasado el siguiente vínculo al cine de mi estimado Tío (seguro con muchos, muchos sobrinos) Jesús Franco. No he visto ni una película de él, pero conozco su obra. Y dale con esas obsesiones de pretender conocer lo que no he leído, igualito que con James Joyce o Hemingway. Algún día los leeré, en un tiempo de reposo mezclado con redenciones.
Te comparto el vínculo, es www.aquivaletodo.blogspot.com.es 
Gracias.

miércoles, 22 de marzo de 2017

519. Pásele, barato.


Le preguntas a alguien más grande que tú:

¿Cómo le hago? Ya no sé.
Él te responde: trabajando.
Y yo me quedo callado, pero con ganas de decir "Caraja". Igualito que el Yonatan, de la Familia del Barrio. Mejor con ganas de decir "Chingada".

Hoy fui a pagarle a un proveedor, a Citibanamex (pá nombrecitos), y también fui a pagar el servicio de Cablemás. En la caminata pensé algunas cosas, pero ahorita ya no sabría decir qué eran. Tal vez puros hubieras con mi bendita profesión. Cómo no pude ser Luis Barragán, o Philip Johnson. Claro que todavía puedo serlo. Pensemos en eso: si la forma enaltece a la función, bienvenida sea la forma, y hay que aprender, desde la poética de Barragán, hasta los atrevimientos de Johnson, su constancia. Hay que ver, los ejemplos, y hay que ver, cómo se va a poder.

martes, 21 de marzo de 2017

518.¿Verdad que sí? (De la licenciada S.).

A punto de las seis de la tarde. El aire acondicionado del corporativo, el orden, los colores en tonos de blanco y crema, el ligero olor a desinfectante en los pasillos de frío mármol, restos de una noche de aseo que queda en el ambiente, no evitan adivinar el sopor de la tarde en esa ciudad del norte. La licenciada Sofi (sus amigas, que son muchísimas, no dejan de decirle que se parece a Ivanka), reflexiona: 
Acabo de leer en el último número de la revista Banalidades, que TODOS, o sea, TODOS, los adictos a alguna sustancia, tarde o temprano muestran las mismas características:

  • Le echan la culpa a alguien más de sus problemas.
  • Mienten,
  • Roban,
  • Se deprimen.
Exacto. Los papás de los 42 (que conste que no he dicho cuáles cuarenta y dos ¿eh?) esa gente feíta y triste, son adictos, of course.

  • Le echan la culpa a alguien más de sus problemas: "Fue El Ejército. Fue El Estado". Y que conste que no he dicho cuál ejército ¿eh? ni cuál Estado ¿eh?
  • Mienten. Ergo, o sea, como dijo el Licenciado Vocero, a mí me indigna que hagan esas preguntas ¿cuáles preguntas? Pues quién los entiende...
  • Roban. Pues sí roban, nos roban nuestro tiempo, pudiendo ver cosas bonitas en televisión. 
  • Se deprimen. Pues a mí me deprimen con sus historias ésas de terror. Pero ya lo dijo una vez mi tía Eugenita, la gente es pobre, porque no quiere trabajar, por eso, yo aquí estoy, trabajo aquí, en el corporativo, soy proactiva, pienso en términos de sistemas.
  • En conclusión:
Los papás de esos muchachos son adictos, ahí está la solución: le echan la culpa a alguien más de todos sus problemas ("fue el Ejército" o sea ¿cómo? yo me indigno como el Licenciado Vocero), mienten, roban, y deprimen. Pero han de ser adictos así como que al aguardiente o una cosa fea de ésas, porque no se ve que les alcance para algo más, pobrecita gente triste. Adictos, uff.
 
¡Uy qué padre! Ya son las seis. Salgo right now a tomarme unos drinks porque ando súper estresada. Nadie me ayuda a sacar los pendientes de la oficina. Ese chico Uni (y que conste) es cero proactivo, no es sistémico y por culpa de él estoy muy atrasada con la comprobación de gastos y el envío del fax. No es mi culpa que todavía usen eso, a mí en el TEC (y que conste) no me enseñaron a usar esa cosa.
 Bueno, tomaré la tarjeta de crédito corporativa para tomarme una copita. O dos. O tres. Whatever. Nadie se dará cuenta, luego lo repongo con una factura de algún cliente. Y bueno, yo sé que mañana las cosas saldrán much o mejor, eso si no hubiera gente como el chico Uni, que no colaboran con la misión corporativa. Es que nadie me entiende, por eso ya me voy por un Cosmopolitan, tal vez un Gin Tonic, un Pear Martini, un Mango Martini, un Martini Seco, whatever.
Pero la gente como yo, no se alcoholiza, se pone alegre. Los adictos son ésos, los papás de los 42. Y que conste...
 
Moraleja: No hay peor engaño que mentirse a sí mismo.
Gracias.
 
 

lunes, 20 de marzo de 2017

517. Infamias.

Tendrá que llegar el momento en que no me daré por vencido. Tendrá que llegar el día en que no me sienta derrotado. Por eso espero.

viernes, 17 de marzo de 2017

516. Quinientos dieciséis. Un cuento.

Otro cuento, otro más.

Para el Mto. Francisco Fernández E., con cariño.

Banquetas.

Ella salió de su apartamento temprano. Un pantalón de mezclilla negra, camiseta blanca, estampado multicolor. El pelo recogido, discreta bolsa de mano, un libro, tal vez de Burke, Hans Kelsen, Paoli Bolio. A la facultad de Ciencia Política, el camión tres cuadras más adelante, antes, tal vez, unos tacos en la calle, un refresco enfriado en hielo. Hasta que ella se pierde detrás de los árboles que le estorban a su paisaje. La ventana no me alcanza, y el tiempo de estudiar en la universidad donde asiste todas las mañanas, tampoco. Entonces me vuelvo a dormir, nada más un rato. Un rato más.

miércoles, 15 de marzo de 2017

515. Sí, gracias.

Mientras se traslapan mis ambiciones personales con mi somero sueño académico.

Hoy fue el último día de clases de la materia Estrategias Innovadoras. El primero de Desarrollo de Proyecto. Confieso que el domingo y el lunes me sentí desanimado, confundido. El martes sufrí un desgaste de terror: planes que no se cumplieron, además una obsesión personal que me condujo, como tantas otras veces, a una pequeña muerte y lo vivo, y no lo reconozco. Deberé irme con cuidado.

Tengo dos tareas que no puedo cumplir: primero entender que a veces es mejor que haya planes que NUNCA se materialicen. Lo segundo: no sucumbiré a la tentación de odiar. En serio, ya basta. Lo único que me ha dado aliento es la magnífica despedida de mi maestra Mayela. Mil gracias maestra, por un viaje tan bonito. Los tropiezos fueron mi única responsabilidad, y tengo el deber de no repetirlos, ¿cómo? de eso se trata, de seguir en el camino.

Este blog toma desde hoy una pequeña pausa. Regresaré.
Gracias Gilberto, gracias estimados amigos por sus palabras de aliento.
Próximamente. 

domingo, 12 de marzo de 2017

514. Vamos y vemos.

Aprendiendo demuestro que avanzo.

Tengo una calculadora científica Casio, que debí haber comprado en Estados Unidos hace unos veinte años. Recuerdo haberla usado en la materia Taller de Construcción, artefacto que una vez presté a un buen compañero de aulas, llamado Pablo Adrián, quien fue amigo a su vez de un alumno de triste memoria conocido en la prensa amarillista como "Lord F.", con quien yo mismo llevé al menos dos materias del plan de estudios de Arquitectura en el TEC, pero nunca cruzamos palabra. Recuerdo el episodio porque Pablito me dijo algo así como "que buena calculadora", lo que me dio mucho gusto por haber tomado una decisión atinada al comprarla. Corría el año de 1999, y yo pasaba por un momento académico muy malo, para qué más que la verdad. Al menos tenía buenos amigos como Pablito.
Todo esto lo platico porque conservo la calculadora, uno de los pocos objetos que rescataría del fuego, re interpretando a Mario Vargas Llosa. Una de sus funciones es generar números aleatorios, una obsesión personal de muchos años, desde Secundaria tal vez. De esos fantasmas que van y vienen y me dan escalofríos, y también tranquilidad.
Pues resulta que hoy, explorando el Excel, encontré la manera de generarlos, más rápido y en listas. lo que no alcanzo a entender bien a bien, es que al ingresar un dato en la hoja, los números cambian y vuelven a cambiar. Para conservarlos habrá que cortar la columna y pegarla en la siguiente, como "valores", no como fórmula.
Gracias y saludos.

520. ¿Todo de acuerdo al plan? Ne.

Gratitud. Gracias mi Paco, gracias mi Gil, por su paciencia y sus palabras sabias. Pensé que me iba a ir mucho peor con unas activida...