jueves, 21 de abril de 2016

Para saber.

Que en la explosión hubo 18 desaparecidos. Pero capaz y no fueron a trabajar y han de andar en casa de alguna amiguita, de la amante pues, que para eso pagan bien en las petroleras, o de viaje por ahí cerca que para eso se trabaja poco en las petroleras y dan camioneta, o nada más por ahí, que para eso se está en las petroleras, para hacer lo que uno quiera, si no ¿para qué más? Y si hubiera sido en lunes, desaparecen 50.
Y lo digo porque estamos siendo testigos de un envilecimiento colectivo, como nunca, que ni en la más cruda novela de Vargas Llosa. El amor al dinero, al mínimo esfuerzo, la avaricia que no el justo lucro del que habla la Iglesia Católica inclusive, la música de banda y el mal cine, ése donde ves a Gael y a Diego mentarse la madre ad infinitum y hacer de la lengua española el producto más deteriorado, es ese afán de "transparencia" y de "disculpas públicas", esa democratización del autómovil, que se vuelve herramienta catalizadora de rencores y complejos de los peores gatos habidos y por haber, son esos programas de televisión donde se exaltan la violencia, la maldad y el bendito/maldito alcohol, es todo eso que no se había visto nunca y que me tiene sin saber qué más decir, sin saber qué hacer, y pensar que al terminar este día las cosas serían como antes, no mejores, sino con esos rasgos sombríos de nuestra envilecida sociedad, un poco más escondidos, pero parece que no.

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