martes, 2 de junio de 2015

No hay lugar.

Siento incertidumbre por un examen de admisión que presenté en días pasados. Aparentemente pasé, hasta recibí un mail afirmando que tal hecho era motivo de celebración, lo que me hizo fruncir el ceño, y sentirme, no sé por qué, un poquito más triste. Pero no tengo tiempo para tanto. Las clases empiezan el 31 de agosto, fecha fatal, y hay tantas cosas que hacer en el ínter, que hay que empezar ya. Hoy espero una respuesta de una muy amable y paciente "asesora educativa" que me ha llamado por teléfono y escrito varias veces, tantas que ya no sé cuántas han sido. Por mientras, reviso los pendientes del día. La impaciencia en el negocio, por ir a la Secretaría de Finanzas a renovar mi licencia de manejo. Esperé malos tratos, esperas y un "vuelva mañana" pues eran las 13:55 horas cuando la señorita me acompaño con el fulano del módulo de licencias. Sé por norma general que las oficinas cierran a las tres de la tarde, pero a las dos en punto dejan de cobrar en ventanillas, por aquello del corte de caja. Mis malos pensamientos no se cumplieron. Todo salió muy bien, y ya tengo licencia de manejo. Luego a la farmacia a comprar un medicamento y agua mineral. Y lo peor fue que ya no pude ver Ventaneando en su hora completa. Por mientras, no sé qué pensar, sintiéndome un poquito más triste, o será el calor, o la falta de una aspirina y una coca cola estilo Héctor Belascoarán Shayne, o quién sabe qué, mientras espero el día de mañana, los pendientes, los pagos a proveedores, las llamadas telefónicas, el domingo siete (¿a qué idiota del INE se le ocurrió esta fecha?) donde actuaré, por burla y gracia de una institución mafiosa y abonimable, como funcionario de casilla. Mientras, espero que se me pase lo triste, tal vez con una coca cola Belascorana y una aspirina, y espero a la asesora educativa de una ilustre universidad que no se comunicó hoy conmigo.


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