viernes, 22 de mayo de 2015

¿Entonces qué?

Cosas qué comprar. Empecemos con pastillas para dormir, no adictivas como Benedorm. Luego galletas, el alimento de los campeones y los pobres. Luego compremos tiempo para pensar, pero sale caro. Una llamada telefónica que no puedo definir, la lluvia en exceso, el miedo que siento de seguir en esta ciudad. Ya no me hace feliz ni siquiera ver Halloween III que la veo anunciada en el teleguía virtual. Todo se trata del bendito tiempo. Cada vez pasa más, cada vez menos esperanza. 
Busco algunos libros sobre casas habitación para frentes pequeños, para resolver problemas de diseño muy comunes en la tipología de nuestro país. Encuentro algo y lo agrego de inmediato a la lista de deseos. Ya habrá dinero, pues. Por el momento pienso en mis galletas, el hambre que me domina. Pienso en los partidos políticos que también dominan este país, y que ya pueden más que el Consejo General del INE. Pienso en las escenografías de revancha, tan absurdas que parecen una mala copia de Tarantino, en Jalisco, el día de hoy con los 42 muertos, luego me acuerdo de los 43 de Ayotzinapa. Hasta parece a propósito, pero nada más parece.
Pienso en este país, dominado por la corrupción, la confusión y el silencio. Pienso en mi ciudad, dominada por los ambulantes, por los grupos minoritarios que nos dominan a todos: taxistas prepotentes, tianguistas que ocupan la vía pública, policías estatales bandidos, políticos ausentes, candidatos que dan lástima y rabia por su ignorancia, sus mensajes huecos, la falta de preparación, la mediocridad. Pienso en estas malas señales que dominan mi realidad inmediata y la que está más allá de Laguna del Mante al norte, del rancho Birmania al sur, de El Abra al oriente, de la Pitaya al poniente, de donde termina esta ciudad dominada por una realidad de escasez, mediocridad, insuficiencias, prepotencia, hartazgo, miedo, corrupción y malicia, dentro de esta ciudad. Afuera veo lo mismo pero con contrastes y atenuantes. Afuera veo candidatos más preparados, veo menos malicia en la gente, veo menos ambulantes, veo más ambición, más aprecio por el conocimiento, más nobleza y me pregunto por qué carajos no me he ido de aquí.
Pienso en el hambre que domina pero no hay galletas.

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