viernes, 17 de abril de 2015

Un sueño.


Me desperté el día de hoy jueves a eso de la una y cuarenta de la mañana. Fueron los balazos, seguramente de las bandas del crimen organizado que sí, operan en mi ciudad, como en tantas otras sin que sea consuelo.

Volví a dormir. Me encuentro en el negocio, a media tarde de un día flojo. 
La calle Porfirio Díaz es un cajón que remata a la Avenida Hidalgo. Sin embargo está cerrada. Balazos y más balazos y yo sigo soñando, no puedo despertar, estoy consciente que sueño.

Me acompaña mi jefe, y no podemos salir a la Avenida Hidalgo. Arteli y los otros negocios ya cerraron. Estamos solitos pues.

La idea es darle la espalda a la balacera, y salir en sentido opuesto. Sé que si camino por la prolongación Porfirio Díaz con rumbo sur, saldré a otra Avenida Principal, la Fray Andrés de Olmos, eso sí, muchas cuadras después. Claro que en una entrecalle podríamos salir rumbo a casa.

Pero nos perdemos. Vagamos por terrenos baldíos, dando la espalda a la zona de los mercados, una vuelta a la esquina y en lo que debe ser la calle Madero, que es la que está atrás de Porfirio Díaz.
Encontramos más gente atrapada en una barricada de blocks de cemento y láminas al fondo de la calle, y en eso, de otra calle lateral llegan unos repartidores de pizza en moto.
Yo siento una mala señal. Le digo a mi jefe que nos vayamos, que regresemos por donde mismo.
Veo que los repartidores sacan pistolas hechizas y amenazan a la gente que quiere atravesar la barricada. 
A nosotros no nos dicen nada.
Volvemos a llegar a la inmensidad de los terrenos baldíos del lugar de hace rato, del principio.

Atravesamos linderos de alambre de púas, vemos edificios en color gris, de condominios, que no están en ningún lugar entre la zona de los mercados y la avenida Fray Andrés y me siento desesperado.
Mi jefe y yo llegamos a una casa humilde, pintada en color verde, un bloque chaparro y descuidado. Tocamos la puerta metálica y yo me arrodillo. Nos abre una señora de edad avanzada y entramos.
Lo que entendemos es que la única manera de llegar a la Avenida - salvación - a casa es por el patio de servicio de la vivienda.  La señora nos dice en formas diferentes que la ciudad está sitiada, tomada, hasta la Avenida. Al llegar allá estaremos seguros.

Abrimos otra puerta de cristal y llegamos a un patio que es un cubo de ventilación, y me doy cuenta que es de noche. Siento que no podré saltar la barda.
Entonces despierto.
La noche en silencio, y yo pienso un poco antes de volver a dormir.

 

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