miércoles, 14 de enero de 2015

Y qué hubiera sido.


Me ha ganado la desesperación y el montón de cosas que hacer. Me ha ganado la rutina y la presión, no sé si el exceso de trabajo, pero el trato con la gente, que no deja de cansarme, las filas en el banco, los trámites, la falta de sueño, de una alimentación que puede ser mejor.
El sábado en la noche reventé. Dos computadoras tipo PC que tenía en la planta baja de la casa, en un remedo de estudio para Arquitecto que mi padre arregló, con vitropiso, baño, texturizados y acabados. Las dos computadoras se echaron a perder y no sé todavía por qué.
Me puse a llorar.
También se echó a perder un sillón ejecutivo, pero ese sí, con justificación. Tantos años, desde el 2004 más o menos, en que ese sillón fue mi fiel compañero de tantos trabajos de dibujo arquitectónico. Noches completitas, sí, completas de trabajar, dibujar, corregir e imprimir. Y al otro día en la oficina del municipio, como si nada hubiera pasado.
Desde octubre de 2007, también después de noches completas sin dormir, al negocio al otro día temprano.
 
Lloré y reventé esa noche de sábado, tanta acumulación de presión y de trabajo, todo el santo mes de diciembre abriendo y cerrando el negocio, sin salir a comer a mediodía, sin cena de navidad, sin cena de año nuevo, pues no hay ganas y no hay qué cenar.
 
Pero el domingo pensé que todo iba a cambiar. Después de una larga mañana que termina a las tres de la tarde en el negocio, fui a comerme unas naranjitas y tomar unas cervezas.
 
La tarde pasó viendo "Los calientabancas", con Rob Schneider, y "¿Qué pasó ayer?" mientras me sentía tranquilo y sosegado. Una vuelta a un restaurante bar de la colonia obrera, luego a un bar del centro, dos hot dogs, y luego, una patrulla de la policía del estado de San Luis Potosí, se alinea en mi banqueta.
Escucho los gritos de "levanta los brazos" unas cinco veces y luego seis policías armados con metralletas, me hacen cajón. El jefe de grupo, un chaparrito de pelo recortado, me dice "agacha la cabeza no levantes la vista" y me pone los brazos en la caja de la pick up Cheyenne de doble cabina. Me quita el celular, la cartera y el bolígrafo, y después de unos cuantos minutos de volver a decir "agacha la cabeza" me devuelve el celular, el bolígrafo y la cartera, sin los ciento veinte pesos y monedas que calculo traía, al menos.
El chaparrito me vuelve a decir "ya vete a tu casa".
 
Yo volví a llorar por la rabia, por mi pinche desempleo, por la inseguridad, por la policía estatal ladrona y corrupta, por mis computadoras descompuestas, por instituciones corruptas como el INE donde todo está arreglado, por instituciones corruptas como la Policía, donde todos son una mierda, por mis llamados de ayuda a compañeros de generación, maestros, conocidos, que no llegan. Volver a llorar por los amigos que no existen, por el odio en mi corazón, mi mala leche, mis miedos y mi hartazgo.
Y al otro día, al negocio de mis padres, como si nada hubiera pasado.
De todos modos ya reventé.

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