jueves, 16 de octubre de 2014

Yo también quiero comer mierda.


Después de un largo tiempo, me dio mucho gusto saber de mi primo Q. (bueno, el hermano que nunca tuve, lo único que nos faltó fue haber tomado de la misma caguama alguna vez, pero fue mejor que no haya pasado).
Me dio gusto saber de él, igual que yo, una persona de bien, (él todavía más), con retos, triunfos, alegrías y reflexiones.
También con cosas para sonreír.
Me hizo sonreír, después de una breve reflexión, la observación que un conocido suyo le hizo hace algunos años, sobre la Política.
La política implica comer mierda. Y sí, tiene toda la razón el conocido de mi estimado Q.
El día de hoy me entero que un hijo de Joe Biden fue expulsado de una academia militar por haber dado positivo para consumo de cocaína. ¿Me la creo? No. El público norteamericano, y los espectadores al sur de la frontera, hemos visto y aguantado tantas mentiras de los gringos, véase el caso de Jacobo Arbenz en Guatemala, el caso Irán Contras y el "I can't recall" del cínico Reagan; el golpe de Estado de Pinochet en Chile (ay sí, Kissinger no sabía); la invasión a Panamá; la invasión en Bahía de Cochinos (ay sí, Kennedy no sabía); que en fin, lo del hijo de Biden, no me la creo.
La idea es anular la postulación del vicepresidente rumbo al ya cercano 2016. Ni modo.
 
Así es. En cuanto a mis latitudes, yo sí, también, quiero comer mierda.
Sí. Yo también quiero ganar buen dinero, yo también tengo aspiraciones laborales, yo también tengo ambiciones.
Me he perdido un puesto de consejero electoral donde pagan mensualmente unos 19 mil pesos.

El consejero del INE, Arturo Sánchez, me preguntó en la entrevista de trabajo previa al nombramiento que no pude tener

¿Qué hace un arquitecto tan exitoso, queriendo dedicar años de su vida a la materia electoral? Si fuera exitoso no estaría aquí, cabrón. Fue lo que debí haber respondido.
Pero yo le hablé de mi compromiso con la democracia nacional, de mi carácter de ciudadano (la condición por la cual se puede participar en el gobierno de un lugar), mi vocación de servicio, la misión del Tecnológico de  Monterrey de formar personas íntegras, competitivas y sobre todo, comprometidas con su comunidad.

No le dije al consejero "quiero dedicarme a la materia electoral porque busco un empleo donde desarrollarme". No. No le dije eso. Y quién sabe si por eso no me contrataron. Jamás lo sabré.
 
Desempleado, no aguanto la pena, la ignominia, la tristeza, la jodidez espiritual, y la desesperación. Si así, de todos modos tengo que aguantar la mierda, qué mejor aguantarla con un buen sueldo.
Tantos lugares donde comer mierda:
 
La Secretaría de Desarrollo Social.
El Instituto Nacional Electoral.
Los organismos públicos autónomos en materia de transparencia.
La  Comisión Nacional del Agua.
Las universidades públicas (donde pagan mucho mejor que en las universidades privadas).
Los Congresos Locales.
Las oficinas de enlace.
Las oficialías de partes.
Las Casas de la Cultura.
La Financiera Rural.
Los municipios.
La Secretaría de Comunicaciones y Transportes.
 
Patrick Modiano.
 
El escritor del arte de la memoria. Narrador de un sinfín de historias sobre la ocupación Nazi en Francia. Igual y se me sale escribir "conocí a este escritor cuando estuve en el TEC", o "descubrí los libros de Modiano en una oscura librería cuando viajé a Quebec", o más humildemente "en casa de mis padres siempre se ha leído a Modiano, y comparte la repisa junto a Faulkner y Hemingway". Pero la verdad es una: De él no he leído ni madres ni sabía que existía.
 
 
Premio Nobel de Literatura 2014, felicidades Monsieur Modiano.
 
 

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