miércoles, 18 de enero de 2017

465. Sentido.

Hay mucho rencor en mi corazón. ¿Hasta cuándo? Hay una necesidad de reconstruirme. No el pasado, porque ya ése ya se fue. Los días pasaron bien rápido en algún momento de mi vida.

Sueño con volver a las mañanas heladas de 5.30 de la mañana cuando salía de la casa que mi padre nos rentaba a mis hermanas y a mí en Monterrey. Subirme al camión urbano y bajar en una primera escala, a almorzar algo, y empujarme una coca cola en botella de vidrio, ya había para eso, y para los tacos de barbacoa bañados de sal.
Muchos, muchos, muchos metros después, el despacho donde trabajé en la calle Manuel M. del Llano.

Una materia de una maestría en sistemas de ¿qué? y el semestre se pasó bien rápido. Y el segundo semestre otra materia nada más, y angustiado (la solución de los tontos) en los pagos pendientes a vencer de mi licenciatura y el dinero que no alcanzaba ni para la renta y adiós Monterrey, ciudad ingrata.

Habrá que buscar una reconciliación. Mucho fracaso y ni hablar. 
Mi vida sí sería mejor si hubiera estudiado en Tampico, en la UNE, negocios, pero ya no se puede remediar.

Como los alcohólicos, siempre seré Arquitecto, aunque no practique. 
Algún día seré un Pedro Armendáriz Jr., un Francisco Haghenbeck, un César Augusto Londoño.

En algún momento el odio que siento, el rencor, tienen que pasar, se irán.

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