domingo, 23 de octubre de 2016

Las cosas que uno ve.

Para el Mtro. Luis Carlos Zárate. Con cariño, mi entrada 400. Todavía me duele la mala calificación, todavía me da gusto haber conocido una excelente persona.

Creo en el trabajo, será porque es mi única alternativa de vida. Me convencí de esta creencia desde que un compañero de clase en el TEC, preocupado por la crisis económica de 1995 que nos cayó a todos de sorpresa, hasta a él, que luego luego se veía tenía mucha lana, desde la manera de vestir, hasta el fenotipo, la manera de hablar, los artículos de escritura muy finos, el relojito, más allá del conformity de los compañeros de aula: nosotros nos sentíamos a modo con relojes Swiss Army de mil pesos, él traía un Omega Seamaster. Amén.
Resulta que en una de ésas, el compañero en cuestión platicaba que ante la crisis salino-zedillista, las cosas jamás iban a mejorar, y que la que más sufría era la profesión.
Él daba una solución: seguramente, afirmaba con toda naturalidad, nuestros papás serán amigos de algún presidente municipal en nuestros pueblos, y al graduarnos, fácilmente podremos entrar a Obras Públicas. 
Yo salí de la escuela, después de muchas broncas, en junio de 2000. Las broncas las hubiera evitado y hubiera salido mucho antes si me meto a estudiar Administración de Empresas en la Universidad del Noreste en Tampico, mi vocación, mi lugar. Me emputa sentirme todavía fuera de donde debí estar alguna vez, pero no hablemos de esto por hoy.
Resulta que yo terminé trabajando en Obras Públicas gracias a mi padre, a nadie más. Luego fui a dar a otras oficinas municipales, como Codesol, o Catastro. Lo de SEDESOL fue un mérito mío y de nadie más. Lo mismo cuando fui Consejero del IFE, pero no me da, todavía, para sentirme orgulloso.
Si no hubiera sido por estas experiencias, jamás habría entendido el valor del ahorro y del trabajo honesto. Al menos algo bueno salió de haber sido burócrata.
Creo en el ahorro, y en ganar poco, sí, aunque sea poco pero con honestidad. No me queda más que esperar.

La palabra canta.
Viendo el ingenioso programa South Park, aprendí sobre el término Gentrificación. Es, ante todo, un fenómeno urbano. Un inversionista entra en una zona abandonada, sí, deteriorada o de poco valor. Luego construye o remodela, y al rato empiezan a llegar Burger Queens, Starbugs, Barecitos Lounge, Cafecitos Lounge y gente que antes ni de broma se paraba en ese lugar, así estilo chicas vestidas de negro aunque el tono de piel Rosario Dawson al cuadrado, no ayuda para nada. Y chavos con sombreritos extraños y en bicicleta.
Según la teoría, en la que pronto abundaré, el suelo urbano se va encareciendo, así como los servicios, porque no es lo mismo la fonda doña chu donde te venden un nescafé de 7 pesos, al Starbugs donde un vaso de agua pintada te cuesta 80. Ni el Bar La Fría de Ciudad Valles, donde una caguama vale 30 pesos y con eso tienes, a un barecito tipo lounge, donde la ordinaria cerveza Crudoria, te cuesta 43 pesos, y no te tomas una, sino cuatro o cinco, y ya valió madres, y aparte tienes que dejar propina. ¿En qué acaba todo? Que cada vez más y más llega gente así, rarita como las chamacas estilo Rosario Dawson que se empeñan en vestir de negro y usar camisetas, como en Amsterdam o Bruselas, pero estamos en México y ellas no están güeritas sino todo lo contrario, y total, acaban más prietas de lo que ya están, y de chavos en sombreritos bien extraños, que así se los ponen con el riesgo de que les digan una pendejada.
¿Es un fenómeno preocupante la gentrificación? Igual y sí. Pero de nuevo, México no es Europa, ni Estados Unidos, ni lo mande Dios, y las cosas no son iguales aquí que allá.
Yo lo llamaría "intervención", donde un inversionista remodela o reconstruye. Y creo que en un ámbito como el nuestro, no habrá expulsiones sino convivencias. La fonda doña chu seguirá al lado de Burger Queen, y en una de ésas, la expulsada es la franquicia gringa, no la señora luchona.
De cualquiera manera, ésas teorías urbanas se me hacen puras jaladas de pelos. El urbanismo termina beneficiando, siempre, al capital, y ni hablar, así es esto.
Mejor me voy al OXXO, porque hoy no abrió la tiendita de Don Chuy, y me tengo que aguantar para ir por un ginger ale, o un agua ciel, y unas papas. Caray.
Moraleja: niñas, se ven más bonitas si usan colores claros. Pero ¿quién soy yo para hablar de moda? En fin, ora sí ya me voy al OXXO.

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