sábado, 30 de julio de 2016

Los desengaños, las revelaciones.

Te das cuenta de que, con una excepción o dos a lo mucho, las amistades de la escuela no perduran. De que con el tiempo la soledad crece, de que el interés es precisamente económico.
Ves, al último, o casi, que tus ojos deben solamente darle crédito a las cuestiones de dinero. Cuatro "clientes" al hilo, y ninguno pagó nada. Seguiremos. Y es que en serio es tan difícil en arquitectura pedir anticipos, para no echar a perder la ilusión y la delicada fragilidad de la relación. Por lo pronto, a pensar en los tiempos en la apacible cápsula que era el CEDES, cuando nos decíamos que seríamos amigos por muchos años, si ajá, y cuando teníamos la convicción de que las cosas hoy serían mejores. Sí, ajá.
Y como diría la licenciada Ludwika. El CEDES...¿esa cosa qué es?

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