viernes, 10 de junio de 2016

Violencia y Política.

En el programa de Carmen Aristegui veo como invitados a dos jóvenes gringos, que parecen misioneros-mormones de cantina, corbata y todo.
Buena escenografía, en la que el saco, el pelo corto, la traducción en tiempo real del inglés al español, y en general el look estilo William Levy son los dueños de la verdad. 
El trabajo que presentaron los dos muñecos se titula "Atrocidades Innegables", un informe que la organización Open Society pone a disposición del público a partir del 2 de junio de este año.
La página está disponible en la dirección electrónica:

https://www.opensocietyfoundations.org/

Una afirmación. Que los Asesinatos, los Actos de Tortura y las Desapariciones Forzadas, cuando son responsabilidad de las Autoridades, se vuelven por este hecho crímenes de lesa humanidad. 
Del lado de los delincuentes, las mismas cosas no son crímenes de lesa humanidad, sino solamente crímenes.

Lo que no me cabe, entonces, es que la afirmación implica que un delincuente, cuando mata, tortura o desaparece, tiene más condición humana que una autoridad, si ésta hace lo mismo. Bonita chingadera, dirían los clásicos.

Yo crecí con el mito de la Paz Social, lo admito. Mi generación, a cierta edad, jamás había oído hablar de grupos guerrilleros actuando en México en los años 70. Fue ésa una historia borrada de los libros de texto, de los programas de televisión y de los comentarios de los periodistas, hasta hace algunos años.

El rojo amanecer de 1968, según el director de cine Jorge Fons, fue culpa de civiles armados, nunca del Ejército. Éste no torturó, ni desapareció gente, ni mató a nadie. Y más les vale que  si alguien hizo algo, fueron unos señores bien vestidos, eso sí, con camisas Manchester, pantalones Mariscal, zapatos Domit, y metralletas. Así los pinta Fons en la película.

¿Qué la violencia no es monopolio de la Autoridad? y la otra gran pregunta sería ¿De dónde viene la violencia? ¿Estamos condenados a vivir en una sociedad violenta? Si desde tiempos de Caín y Abel, ha pasado cada cosa, ¿de qué nos asustamos entonces? 


¿Será posible acaso un círculo virtuoso de paz, prosperidad, bienestar, transparencia, democracia y honestidad? Ya tenemos eslabones de esta cadena trabajando y presentes en nuestra sociedad mexicana del 2016 (elecciones democráticas, buenas prácticas de gobierno, cultura de calidad en muchas escuelas, diálogos televisados, encuestas de evaluación de autoridades), sin embargo, estos mismos eslabones de los que hablo, terminan rompiéndose por alguna razón.

Habrá quienes, como yo, piensan que la violencia actual tiene un origen biológico, desafortunadamente.

Pero también me siento afortunado de que así sea, pues entonces la violencia sería algo bien fácil de explicar. 

Algo así como que somos un montón de gente, que ya no cabe en este puto país, y todos nos peleamos por el mismo pedazo de pan para llevarnos a la boca, y por eso nos estamos matando entre nosotros. 

Entonces para entender la violencia, hay que leer a Desmond Morris, pasando por Malthus, y recurriendo a Senge y su eterna Quinta Disciplina, y el que no lo conoce, que empiece por allí.

Tal vez se prioritario agarrar un libro de Russell Ackoff o el de Stephen Covey (así lo pongo porque de él nomás conozco uno), y así buscar anomalías en el sistema, la causa raíz, la corrección, y sobre todo, ser bien proactivos, aunque nos maten, nos torturen o nos desaparezcan, sea o no sea Autoridad, pues para mí es lo mismo y...

Gracias.

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