sábado, 3 de octubre de 2015

Es el tiempo.

No me animo todavía a escribir sobre el Benji. Premonición acaso, no lo sé. Pero es que hoy, tempranito, vino hacia mí un chico de pelo muy largo, lentes de sol Ray Ban ¿a las nueve y veinte de la mañana? camisa de mezclilla de aspecto caro y pantalón del mismo material pero en tono de azul más claro.
Yo le dije buenos días pásele, pensando que era un cliente. Me dio la mano, me miró detrás de sus lentes y me dijo ¿Qué onda Lalo cómo estas?
A mí me temblaron las piernas pues no sabía quién era. Sonreí y le dije todo bien, tranquilo aquí nomás. ¿Cómo has estado? Tranquilo normal respondí.
Ya no has ido al bar, en afirmación más que en pregunta. Yo le hablé de la falta de dinero, de un incidente en que una impetuosa empleada de ventanilla de una dependencia municipal le dice a una señora "ese trabajo que usted necesita no vale más de doscientos cincuenta pesos" y yo sin decir nada pero pensando en que debería cobrarle mil mientras mando a la señora muy, pero muy lejos.
 
El chico de los lentes de sol entiende y afirma, pero parece que no le importa mi historia sobre arquitectura contemporánea.
No sé a qué bar se refería, si acaso él es bartender, mesero, guardia de seguridad, chef o cliente como yo. Entonces me acuerdo del Benji y siento un poquito de miedo nada más, porque no he visto al Benji y no sé dónde está.
 
Luego me acuerdo de la única novela que he leído de Paulo Coelho, El Peregrino (y quizá sea suficiente) en una parte en que habla de demonios como guías para sacarles provecho, invocados con un ritual muy especial y herramientas para conocer más del mundo y de los hombres. Pero el requisito para aprovecharlos es primero preguntarles su nombre. Yo al chico de los lentes Ray Ban no le pregunté su nombre. Cuando me dijo "voy por una botanita" y no supe si era mercancía para suministrar el bar, o se refería a desayunar y que no lo dijo con intención de pedirme dinero pues ya le había contado la historia, sentí tranquilidad porque era el anuncio de que ya se iba.
Cuando se fue afirmando "me dio mucho gusto verte Lalo" y y yo alcancé a balbucear "me dio gusto verte..." y no supe su nombre entonces sentí mucho miedo.
 
Gracias.

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