jueves, 2 de julio de 2015

Ya llovió.

Se va rápido el día, y parece que el mes. Hoy comí unos chilitos rellenos con arroz blanco, estilo el Padre Galván, de la película de Ripstein "El Crimen del Padre Amaro". Faltó la cervecita helada, ni hablar, pero había que regresar al negocio.
Anoche, mientras terminaba el trabajo que no me dejó dormir una semana y media, pensaba en los lugares comunes. Me refiero a los lugares que visito un día y otro. Son Arteli, el Oxxo, la tiendita de enfrente, el Santa Fe, que ya volvió a abrir y está igualito, pero ahora se llama Wings Nation. También "Two and a half men" y "The bing bang theory" son lugares comunes, desde la pantalla del televisor.
Tal vez los lugares comunes me estancan en la resolución de mis compromisos, en el cumplimiento de mis metas. Necesito otros lugares, que pueden ser Chedraui, la nevería al lado de Pyrma Brasil, La Canasta, El Restaurante de mariscos El Kora,  El Siete Mares, mi escritorio para leer y aprender algo el día de hoy, o de mañana.

Entonces, necesito abandonar de una buena vez los lugares comunes, y aprender de otros, y tal vez así se pueda salir de un círculo y abrir otro mejor y con mayor circunferencia. Valga decir que el trabajo que recién acabé no pinta ni tantito que me lo van a pagar. ¿Por qué lo hice? No tengo ni puta idea, simplemente no podía parar, como lo dijo Grady Tripp (Michael Douglas) en ese referente de la vida que es la película Wonderboys.

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