jueves, 28 de diciembre de 2017

669. Jueves 28 de 12, 2017.

Entrada 669.
¿Por qué no se pudo?
Leo el artículo de Yahoo sobre tecnología y sociedad: que aquella hace que ésta cada día más se parezca a una caja negra. 
Y veo muy acertado el tema. Sé qué carajos puedo obtener de un sistema, pero muchas veces no tengo la menor idea de cómo se llega a ese resultado. Obvio, si no me favorece, terminaré desconcertado, y ciertamente muy infeliz.

Capture usted una serie de variables en la computadora, y el resultado será:
  • Me dan o no me dan el aumento de la línea de crédito de mi tarjeta.
  • Me contratan o no me contratan para el puesto vacante al que apliqué. 
  • Puedo o no abordar un avión.
  • Ya junté o no he juntado los puntos del Infona. Bueno yo no cotizo, pero en fin.
  • El sistema me dice que no puedo ser objeto de una Visa tipo B1 para entrar a Estados Unidos.
  • Me autorizan la tarjeta Coppel, o no me la autorizan. Cheque en el sistema. Su crédito vale más que el dinero, eso.
Más de una vez he querido preguntar por qué después de tantos y tantos y tantos intentos de querer ser profesor asistente en el Tec de Monterrey, no se pudo. ¿Leen y revisan todas las solicitudes qe reciben? ¿El director del departamento de arquitectura tendría derecho a hacer alguna propuesta entre gente cercana a él? ¿Por qué unos sí y por qué otros no?

En aquellos años ya lejanos, los requisitos eran llenar la solicitud en formato institucional, dejar algunas copias fotostáticas, tener una licenciatura terminada y el deseo de desarrollarte en el área de docencia. Punto. Éso era en ese entonces, lo repito.

El día de hoy no sé qué requisitos pidan. 

La gente de vacantes y recepción de solicitudes (sic), te atendían amablemente, en uno de los dos viejos edificios del Campus llamados "Centrales" (Centrales Uno era el nombre específico de ese enorme y lúgubre territorio). 

Yo nunca llamé para preguntar por el estado de mi solicitud porque mi falta de malicia me hacía estar conforme cuando la amable señorita de ventanilla recitaba con su linda voz "a partir del lunes les empezamos a llamar". Fue un lunes que nunca llegó.

Pero no nada más quise llegar a ser profesor asistente. 

Alguna otra vez apliqué como arquitecto de obra y administración en el área de los Sorteos TEC. Recuerdo que ahora sí, no como en la solicitud para ser profesor asistente, me llamaron por teléfono a la casa. Yo acudí en tiempo y forma y en la sala de juntas de Sorteos, me entrevistó una arquitecta unos diez años mayor que yo. Pero su intervención fue en un plan tan informal que le quitaba a ella lo mismo edad que seriedad, y a mí me dejó muy desconcertado y con una primera impresión muy poco favorable a ella.

Sin embargo yo ya había platicado, brevemente pero con mucha solemnidad eso sí, con el director del área, y lo primero que hice fue  hablarle clarito de mi interés por tener ese puesto tan deseable. 

Lo que pasó fue que primero me recibió el señor Director, nos saludamos y me dijo: "Es que ella te va a entrevistar, porque salgo a una reunión, pero yo te voy a contratar. Pásale a la sala de juntas". 

Yo pensando que la entrevista era una simple formalidad y que ya tenía el puesto en el bolsillo. La frase "yo te voy a contratar", creo que fue suficiente para mí.

El Tec construye una hermosa casa de tipo residencial cada tres meses, para ofrecerla como premio principal en su tradicional evento. 
Nada me hubiera gustado más que aprender y trabajar en un lugar así.

Pasó algún tiempo después de la entrevista con la arquitecta, el "nosotros te llamamos"  nunca materializó. 

Yo decidí mejor buscar al director y pedirle de plano, mi contratación. Estaba desesperado por la falta de dinero y al mismo tiempo muy ilusionado con el hecho de llegar a ser parte de proyectos de vivienda del más alto nivel.

Una y otra vez fui a preguntar por el director, un tipo  macizo y pequeño, de piel muy morena y pelo relamido que a pesar del calor de cuarenta grados de las primaveras y veranos regiomontanos, nunca dejaba de usar traje y corbata en tonos cafés y grises Oxford. Así lo recuerdo todavía.

La respuesta fue la misma las veinte veces que fui a preguntar por él: Está en Morelia, su ciudad natal, atendiendo un asunto familiar. 

Pareciera que o la mentira estaba muy buena, o el señor de plano se casó en Morelia y nunca regresó a Monterrey, porque siempre me dieron la  misma respuesta. "Está en Morelia, él no está ahorita en Monterrey". ¿Y la preparación de los sorteos? Bien, me imagino.

¿Y si hoy me encuentro a la arquitecta pocoseria de aquellos años? Y entonces le preguntó ¿qué fue lo que pasó? No con el director que tal vez se fue a Morelia para no regresar nunca más, sino con mi postulación.

Tal vez le pensaría un poco y me diría con la misma informalidad, tocando mi hombro con brusquedad: "Ah sí, chico ya me acordé de ti. Ahorita estás más gordito ¿eh?. Mira es que en Centrales Uno procesaron tu solicitud, con todas las variables, chidibá, chidibú, y pum, mi rey, ¿lo que pasó sabes que fué? que la maquinita envía un Data Processing, super divis, y ¿qué crees? 

El sistema no nos dio permiso. No se pudo. 
Fue el sistema que ya no nos dejó seguir

"Chao, chico, oye ¿sabías que yo soy egresada de la Universidad de Nuevo León? es que se me hace super rarito platicar con alguien como tú, ¿tú eres del TEC, verdad?"

Así hubiera resultado la conversación, y yo con ganas de correr lo más lejos posible de esa mujer.

El sistema no nos dejó. No nos dio permiso. Ya con eso estaría más tranquilo. Sí, ajá.
Fue el sistema.

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