jueves, 17 de diciembre de 2015

Va y viene.

Ya me imagino si Franz Kafka tuviera un negocio de ropa en la zona centro de mi ciudad. Tuviera que lidiar con cada red de proveedores de un nivel de terror.
Pedidos que no llegan. Mercancía que nunca se solicitó. Un listado de artículos sacados de la manga. Tallas que los clientes no piden, que no siguen en la estadística clásica, una distribución normal y ni a quien pedirle una explicación. Hoy sentí ganas de llorar cuando vi lo que mandó uno de los proveedores del negocio de mis padres: ante un artículo sencillo, fácil de entender y en color blanco escolar, mandó otros artículos, colores, y una cuenta descomunal.
Es que esto parece broma, pero pienso en Franz, y a lo mejor es parte de este arreglo sistémico.
 
Historias del shopping en la frontera norte ¿o sur?
 
¿Entonces en dónde nos vemos, viejo? dice la señora a la llegada al mall en Laredo, Texas o Mc Allen, o Pharr, al fin y al cabo son lo mismo. Cada quien, en la búsqueda de una optimización de tiempos y movimientos, agarra por su lado.
 
El jefe de la familia responde. Pues, mira vieja, yo voy a ir a comprar mis cosas, y usté compre las suyas. Y el niño (más bien el joven) pues también agarra por su lado, y nos vemos, en...nos vemos en...pues mira vieja, nos vemos al rato para ir a comer en la puerta ésa del local ése donde dice
 
jota-ce-penei.
 
 
 
Y el niño, más bien el joven, que disfruta sus vacaciones decembrinas y que ya mero sale del TEC, responde a su padre. No, apá. Mire, el local ése donde nos vamos a ver es
 
JcPenney.
 
 
 
Son los privilegios de haber ido al TEC (y que conste que no he dicho cuál TEC ¿eh?)
 
 
Yo feliz, pues tengo muchos, muchos años, de no ir a Estados Unidos, Imperio de la inmundicia y de las peores cosas que tiene el mundo. Ojalá gane Donald Trump y puede componerlo, aunque sea un poquito. Yo apoyo a Trump, y sé que va a ganar.
 
Gracias.

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