domingo, 20 de diciembre de 2015

Pues así es.

Anoche dormí con el gusto de haber visto Star Trek IV, luego Star Trek II y empecé a ver Star Trek III, en ese orden, en el canal SyFy.

Ni hablar. William Shatner y Leonard Nimoy serán recordados por siempre, en el salón de la fama de la Ciencia Ficción, como el Almirante Kirk y el Sr. Spock.
 
Ya había visto Star Trek II y Star Trek III en alguna función de matiné en el olvidado y muy pequeño Cinema María Luisa, en el pasaje comercial del mismo nombre.
Tal vez fue la primera vez que tuve eso que se llama conciencia de muerte, con el Sr. Spock, al presenciar un inmaculado ceremonial funerario. Sentí tristeza y extrañeza también.
No olvido esta última experiencia pero no puedo alcanzar a definir con claridad cuáles fueron mis sentimientos al momento de regresar Spock, cuando Kirk y la tripulación se abocan a su búsqueda en el exuberante planeta Genésis. Tal vez alegría, o algo que ya esperaba, no lo sé.

 
Lo que sí alcanzo a decir es que el día de hoy veo las películas de la saga en sets más pequeños, con un diseño de arte que puede mejorar, y con una narrativa mucho más sencilla que en aquellos lejanos años de mi niñez. No he vuelto a ver Star Trek VI, que aprecié ya como adulto joven, esta último la recuerdo con un nivel de recursos y producción mucho mayores.
 
Hoy el Cinema María Luisa ya no existe. Un recuerdo más de mi ciudad que ha pasado a ser una bodega y algunos locales comerciales.
 
El rescate.
 
Encontré entre mis cosas, anoche ya tarde, el libro "Los tipos duros no bailan" de Norman Mailer. Novela con una prosa impecable, que sin embargo me costó mucho trabajo terminar. Espero repetir la hazaña ahora con mayor facilidad, para homenajear esta historia policiaca.
 

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