domingo, 1 de noviembre de 2015

La pregunta.

El pasado viernes me preguntaron si en la casa se hacía arco de día de muertos. No, respondí. Se me olvidó que al menos sí se hace un altar, como conmemoración, o al menos para no desentonar con la tradición. Un altar es muy diferente a un arco de día de muertos. La diferencia es, hablando como arquitecto, geométrica y al mismo tiempo simbólica.
No atino a saber si la geometría siempre es símbolo, habría que darle una reflexión mayor.
Otra cuestión es que me tocó ver un rato nada más a Pablo Boullosa en La Dichosa Palabra, sentado en la mesa de análisis. Frente a él, una fotografía recargada sobre un recipiente con dos flores de zempazúchil (la flor color naranja conmemorativa a estas fechas) en agua. Valga decir también que esta flor ya se vende en versión sintética en las mercerías de mi ciudad y estoy seguro que en las demás. Pero en fin, solamente hacer notar que un altar puede ser tan sencillo como el del Maestro Boullosa, sin perder su carácter. Y el arco tiene más significación mientras mayor sea su tamaño. Tal vez allí esté la clave de la simbología y la diferencia entre un altar y un arco. Habría que pensar un poco más.

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