sábado, 5 de septiembre de 2015

No creo que esté mal.

Relativo, todo es relativo. ¿Será? Fue una frase que me ofreció Paco, después de una larga noche, y una larga mañana después, de culpa, tristeza y desolación. De nuevo las malas decisiones, las flaquezas y los arrebatos que me engulleron alguna vez, entre tantas.
El viernes vi el juego de fútbol, en la comodidad, o incomodidad de mi recámara, pues al mismo tiempo tuve que hacer alguna transacción infructuosa, producto de una novedosa página de internet en uno de mis sitios favoritos, que migró al futuro, pero que en el tema de compras en línea retrocedió, pues después de dos intentos, al parecer no pude completar la transacción, pero eso sí, el saldo de ambas compras se me "congeló" en dos tarjetas diferentes, lo que me llena de un ligero miedo en caso de que se me complique lograr el reembolso de parte de esa aún estimada empresa.
Después del juego, que no terminó hasta pasadas las once de la noche, entre comentarios, análisis y diálogos periodista - jugador, se me fue el sueño. Y el remedio fue seguir viendo televisión. Volví a descubrir entonces, la barra de análisis de TV Azteca. Todo empieza con una toma cerrada, de close up, del analista financiero David Páramo, que maneja muy bien los temas de finanzas públicas y economía en México. Otro espacio que vi con poca emoción, lo confieso, sobre una aplicación para alertas sísmicas de un brillante y joven ingeniero mexicano.
 Luego  me sorprendió una entrevista muy bien manejada de  parte de un joven líder de un partido político, y mejor conducida por el maestro Ricardo Rocha y Sergio Sarmiento. Luego una visita de ambos a un fascinante bodegón que resultó ser un taller del escultor Sebastián, y un paréntesis musical en otro rincón de la Ciudad de México.
Luego una cápsula de Pablo Boullosa, que al parecer se especializa en este espacio en temas de educación, pues ya había tenido la oportunidad, hace muchos viernes, de disfrutarlo abordando los mismos temas: la educación en México y la importancia del estudio de los clásicos. En esta última entrega, Boullosa trata de adaptar el juramento hipocrático a la profesión de la enseñanza. La última parte de su intervención, sublime para mí. Un manifiesto donde el maestro pone por encima al alumno, a la calidad de la educación, a la formación continua para mejorar sus habilidades y sus conocimientos frente a los educandos, y teniendo en todo momento un comportamiento ejemplar, en el aula y fuera de ella, dejando de lado el interés económico y anteponiéndolo a la noble labor de educar a la niñez y juventud. Conmovedor y convincente, y entonces vuelven mis días de estudiante de la materia de Teoría de Sistemas: que no importa tanto lo que decimos sino cómo lo decimos, y es que la calidad de la presentación y la fuerza de la retórica de Don Pablo, son superiores en el momento. La vuelta a la realidad matiza esa fuerza, sin anularla, y a la mañana siguiente me pregunté por qué ya no sentía tanta emoción por las palabras y las imágenes en favor un juramento hipocrático para la profesión de la educación, y pues sería que la realidad de este país impone cuestiones más allá de un juramento, ¿y cuáles son esas cuestiones? puede empezarse por la manera en cómo se vive en este país, en el estado de las escuelas, en la situación económica, incluso social, de las familias de esos niños. Aún así trato de convencerme en que lo que vi anoche puede en parte mejorar la calidad de la educación al tener profesores convencidos de su labor, que los hay y son muchos, pero es que faltan más, y faltan más cosas que un juramento hipocrático y el estudio de los clásicos para lograr una mejora real. Los bonos de los que habló en un noticiero Javier Treviño Cantú, quién sabe si serían el comienzo de asociaciones público privadas para construir escuelas de primer mundo, rentarlas a los gobiernos de los estados y ahora sí, que sean empresas las que se encarguen del mantenimiento y el buen funcionamiento de las aulas, en aspectos como áreas verdes, pintura, salones en buen estado, mobiliario, oficinas, la cancha de básquetbol, etcétera, y que el Estado nada más pague y se encargue de educar, y deje la construcción, conservación y mantenimiento de la infraestructura educativa en manos de empresas privadas a quienes reclamarles una gotera, la construcción de una barda, el mantenimiento de árboles, pasto y jardines, el cuidado de un pizarrón, una biblioteca o los mesabancos.
 
La barra de opinión de Tv Azteca, también incluyó un interesante programa de debate dirigido por el doctor Andrés Roemer, a la manera de duelo de box. El tema de anoche fue la medicina alópata contra la homeópata. Dos bellas, bellísimas médicas, que más parecían paisanas y compañeras del show de Sarah Jessica Parker, que profesionales de la salud. Argumentos buenos y aceptables, hasta ahí, en favor de ambas opciones, aunque se vio un poquito mejor la defensora de la homeopatía.
Cuando comenzó un infomercial sobre sartenes, me di cuenta que ya era muy tarde, y que al otro día tenía que estar en el negocio de mis padres. Ni modo. Pero la lección fue ésa, que mi inicial actitud reaccionaria contra la televisión abierta, ha cedido ante la calidad y el objetivo de entretener, por lo que deberé ser más relativo y menos rígido, en mis siempre injustificados prejuicios.
Gracias.
 

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