domingo, 9 de agosto de 2015

Nada de inocencia.


Esta semana descubrí algo que siempre tuve enfrente: que a esta altura de la vida, que es una que ya tiene diez o doce años y no ha subido más de nivel, es que amigos, solamente tenemos uno o dos, que el centro de vida y carrera del Tecnológico de Monterrey es un cascarón vacío que no sirve para nada, y que la gente, la mayoría, por naturaleza y por ser gente, es y será cool aid, y que mi maldita creencia en el karma, que adquirí leyendo la novela Réquiem por Brown, de Ellroy, llegó para quedarse.
 
Domingo de escuela dominical en la Parroquia de la Colonia Bosques (o Valle, o Sierra, o Lomas), que quién sabe por qué le dicen parroquia, pues es un edificio que hace que Notre Dame de París parezca capilla de rancho.
La licenciada Ludwika reemplaza a la licenciada Jill. Ante el grupo de parvulitos expectantes, la licenciada Ludwika improvisa: "Miren niños, si se portan bien, pues se van a ir a un lugar muy muy bonito, así tipo Starbugs, pero con una tarjeta de descuento para clientes frecuentes ¿sí? y van a poder tomar todo el capuchino, frapuchino, té helado y choco cookies, pero eso sí, light, las que quieran ¿sí? Pero fíjense bien. Si se portan mal, pues se van a ir a un lugar así feíto, donde va la mayoría de la gente, donde ni tarjeta de crédito aceptan, así del tipo de la Fonda doña Chu, donde va el chico ése, el que salio de la Uni,  que trabaja en el corporativo y que ni sabemos cómo se llama. El café está bueno, pero miren, niños..." En eso la licenciada Ludwika hace una pausa enorme, luego hace carita, toma aire y dice "por eso pórtense bien niños, y bueno vamos a seguir con la lección de escuelita dominical...La epístola de San Pablo, bueeno...a ver niños ¿alguien sabe qué significa epístola? ¿alguno? ¿Help?"
 
Es la licenciada Ludwika.
 

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