sábado, 13 de diciembre de 2014

¿Qué le dije a Paco?


Hoy eché buena conversación con mi estimado amigo Paco.
Le pregunté qué hubiera sido de nosotros si nos hubiera tocado una vida como la de los personajes de las películas de Cornelio Reyna (¡Ay sí! me van a salir los egresados del TEC conque no saben quién fue Cornelio Reyna los del TEC solamente ven películas gringas pero bueno uff).

Voy a vender muchos periódicos abuelita. Y muchos churritos con salsa de la que tú haces todos los días, para ser alguien en la vida, y para pagar mis estudios y ser una persona de bien y pendejadas de ésas que veíamos en las pelis del Maestro Reyna, dueño de una gran voz e inigualable intérprete de canciones llenas de tristeza y del dolor de eso, de ser pobre.

Pues sí me duele mi situación de desempleo y jodidez, no lo niego. Pero no se ven maneras de remediarlo y por eso me acuerdo de esas películas donde todos eran pobres, pero buenos y honestos, lo que no está peleado con la situación económica, de ninguna manera.
Ni siquiera mi buen amigo pudo darme una solución o una respuesta. Quién sabe, me contestó, y creo que es la mejor respuesta después de todo. Quién sabe, en estos días, en que es más fácil que nunca tener un crédito copel o un celular o una chingadera de ésas, pero en que la pobreza persiste.

Me imagino a un secretario de Hacienda pobre, pero bueno y honesto. Me lo imagino en una película, interpretado por Cornelio Reyna, porque en la realidad, pues no me lo podré imaginar nunca.

La República de Guerrero.

Poco a poco se materializa en el siglo 21 los sueños de Vicente Guerrero y Juan Álvarez del siglo 19.
Guerrero cada vez pertenece menos a México y cada vez más a ser un país propio, al estilo Somalia, sin leyes y sin instituciones.
Solamente en un país de ésos un grupo de delincuentes secuestran una patrulla y muy orgullosos la presumen por la Avenida Principal de Chilpancingo. Fuera Nuevo León o Coahuila a ésos delincuentes ya los hubieran arrestado. Y no digo Texas, porque allá, donde sí hay leyes, ya los hubieran bajado a golpes de tolete, o algo peor. No hablo de cerrar un Wal Mart o un Soriana, por capricho de unos encapuchados. En Nuevo León o Coahuila, o Sonora, al bote ya hubieran ido a dar.  Y no digo Texas, donde allá compra la gente de Nuevo León y Coahuila, allá les hubieran puesto unas esposas y los hubieran llevado con un juez.

Pero Guerrero, ya ni parece que pertenece a México, parece más territorio africano o camboyano.

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