domingo, 30 de noviembre de 2014

La última gran película americana.



Vivir por nada, morir por algo. La ética del héroe americano en Rambo 4: regreso al infierno.
Estados Unidos de América, la patria de la libertad, de la justicia, de los derechos civiles y humanos. El país donde todos nacen iguales. Rambo es el héroe que encarna los más grandes valores humanos. Acude a cuidar y defender a los desamparados. Pero eso sí, primero habrá alguien, que acuda con él, que le pida su cuidado y amparo. Sea un coronel retirado del ejército americano, o un pastor evangélico, alguien acudirá con Rambo. Pero eso sí. No habrá rollos ni discursos pacifistas ni de legalidad. Rambo combate el mal con el fuego. Rambo acaba con la injusticia en el mundo, no a base de palabras, sino de balas. En su última entrega, acude al rescate de un grupo de misioneros cristianos, que han sido hechos prisioneros de la milicia en la República de Birmania. Los militares birmanos resultan ser más malos que los soviéticos o el vietcong juntos.
En fin. Espero la siguiente entrega de Rambo. Esta vez espero que la historia se desarrolle en un país latinoamericano, al sur de la frontera (south of the border). Esta vez un funcionario menor de un consulado latinoamericano despertará a Rambo de su siesta vespertina de la granja familiar (donde termina la cuarta entrega) y le dirá con acento hispano: "We need your help, míster Rambo". Esta vez el héroe americano combatirá a violentos grupos criminales en el sur de dicho país latinoamericano que han sido el azote de la gente buena y honesta que vive en ese lugar. Porque si no es él, entonces quién.

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