lunes, 11 de agosto de 2014

¿Cómo estuvo eso?


Resulta que ya se fue un día más en el negocio. Hoy recibí la visita de un proveedor, y por más que quise medirme en los productos que traía, se pasó la cuenta en lo que había presupuestado, al menos en un cincuenta por ciento, lo cual ya es mucho dinero. Artículos como calceta escolar, playera cuello polo, canguros, y la aburrida lista sigue.
Pues resulta que de un momento a otro, en lo que guardaba algún artículo, pues ya eran las dos de la tarde, hora de cierre para regresar a las cuatro, pierdo la remisión, no sé ni donde quedó. Empecé a sudar, y a entrar en pánico. Primero porque podría caer en manos indebidas (cualquiera que no sea yo), y porque no podría tener los precio del proveedor para calcular mi ganancia, o el precio de venta.
Total, que no se cerró el negocio, y decidí quedarme. La comida me la llevaron y la devoré deprisa, detrás de un mostrador al fondo de la tienda. Fue una mala comida.
Casi casi a las cuatro de la tarde, hora de la imaginaria apertura, pues nos quedamos abiertos, vi en un botadero de frazada fantasía, un pedazo de papel arrugado.
Me abalancé sobre él, y se me iluminó el mundo, de nuevo, y se me quito el calor sofocante, y dejé de sudar.
 
Alguien, un excelente amigo a quien no veo desde el año 2002, al menos,  me propuso un negocio entre Monterrey y Valles. Lo que quiero es un empleo, negocio...pues en el de mis padres.
Tengo fe en que vendrán cosas mejores, hay que tener una buena actitud, y disposición al trabajo y sobre todo de aprender, como la experiencia de hoy.

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